About Me

Nací en la tercera parte del siglo XX, suponiendo que pudiéramos dividir el siglo en 4. En tandas de 25 años, por ejemplo. Es que soy reacia a los números. Por eso no seguí matemáticas ni nada que se le pareciera. Y seguramente he llegado al blog por alejarme de una plantilla de excel.Soy bloggera desde que tengo uso de razón. Es decir, he escrito diarios desde muy pequeña. Recuerdo que utilizaba viejas agendas que mi padre traía de su empresa y que quedaban como excendente cada fin de año. He tenido y escrito decenas de ellas. Fue durante mi etapa niña/pre-púber/ púber/pre-adolescente y adolescente/pre-joven. Sigo siéndolo. Me refiero, sigo siendo una mujer joven, aunque ya no púber ni adolescente ni demasiado joven: he comenzado a usar las cremas ROC hace un par de años.
Empecé a vivir más tarde, en general, que mis congéneres femeninas. Creo que yo y un par más logramos engrosar los porcentajes estadísticos de la iniciación sexual de las mujeres de mi generación (allá por los 80) en un par de años, por lo que más de una habrá quedado sumida en la tristeza de pertenecer a la franja de las pacatas y mojigatas que se sonrojaban hasta el “deep purple” cuando se cruzaban con los chicos del cole de la vuelta.
Siempre fui un alma torturada y a pesar del psicoanálisis y el Prozac no he logrado cambiarle definitivamente el color al espíritu, pero logro ver la vida como un paraíso, de a ratos. Soy parte de las huestes de pesimistas que quieren dejar de serlo con un profundo ramalazo de nostalgia. Una romántica del siglo XIX, aferrada a la absentia y al opio, dicho de una manera metafórica, claro.
Como decía, entonces, escribía mis diarios casi a diario, y allí transportaba el dislate de mis experiencias colegiales, estudios, amigos, bailes y demás actividades propias de la edad del pavo. Estos diarios perduraron hasta nuestra mudanza de barrio. De Pompeya a Floresta. Yo tenía 19. Los diarios fueron a parar a la basura y ninguno había recogido el primer beso con ningún novio, aunque mi madre censuraba de cerca y seguramente había dejado trotar su imaginación más de una vez viéndome inmiscuida en alguna tropelía amorosa. Eso sí, estuve muerta de amor por EL durante años y aún le sigo siendo leal. No se trata del tan mentado Jesús que me inyectaron por vía endovenosa durante 14 años las monjas de mi escuela sino de Freddy Mercury.
Con la mudanza llegaron aires de renovación y cambio, a casa, a mi vida y a mi país que entraba a vivir en democracia luego de de 13 años de dictadura. Luego de un año de cavilaciones decidí emprender mis estudios en la universidad. Allí me estaba esperando la UBA y la visión de un mundo nuevo. Cursé una carrera a la postre intrascendente muy a mi pesar y para pesar de los traductores públicos avasallados por la difusión masiva de los idiomas más requeridos en el mundo de los negocios – INGLES -y por la nuevas tecnologías, además de jefes y cohortes aficionados a aprender inglés y a soterrar el trabajo personal de 5 años en los claustros dando por hecho que su “inglés con 1000 palabras” puede reemplazar los 1001 volúmenes de gramática, lingüística y literatura de un lustro y una sota más de penalización.
Debo admitir -y agradecer- que en mi vida laboral no me ha ido nada mal. Comencé mi primer trabajo promediando la carrera en la UBA y admitir que es posible hacer las dos cosas a la vez. Y lo que es más llamativo aún, que al estudio y al trabajo también puede sumársele una tercera: EL AMOR. Claro, me enamoré de la persona equivocada, aunque tengo una teoría aún no desarrollada totalmente que basa su hipótesis en que todos nos enamoramos de las personas equivocadas. Aunque te cueste reconocerlo. Sin embargo, al día de hoy, sigo sintiendo que aquellos años de enamoramiento juvenil han sido los mejores años que aún recuerde al día de hoy. Y con la persona equivocada. Sé que si la vida me enfrentara nuevamente a aquella persona que tanta hormona ha hecho correr por mi torrente sanguíneo nada sería igual y en todo caso sería otro amor, como con un desconocido y también, equivocado.
Luego de unos cuantos años de idas y vueltas luchando por el poder total de sobre su disyuntiva de “todavía no estoy con vos por los chicos, viste?” decidí poner fin unilateral a la cuestión y me “fui de vacaciones” a España para ver otra gente que no llevara su cara. Y eso que no era especialmente guapo, tenía muy buena presencia y me llevaba 20 años. Lo conocí en el trabajo y era el director de marketing.
Para entonces, ya había cambiado de empresa. De la importante metalúrgica nacional de aire acondicionado -devenida a una multinacional de aire acondicionado - busqué y me ficharon de una importante universidad privada de mi ciudad, Buenos Aires. Y de pronto pasé a ser la asistente personal de su Rector o Presidente. Al principio era rector, pero luego de su paso efímero por uno de los ministerios de la nación quiso reciclar la placa dorada de su despacho y aquella palabra tan académicamente pura paso a ser un híbrido del “know-how-to-do business” y por tanto pasó a llamarse “presidente”, aunque para nosotras, sus secretarias, siempre fue “el doctor” (aunque las más malas lenguas allegadas a su entorno afirman que nunca hubo un doctorado en su vida). Estuve trabajando allí durante 10 años y también, una vez más, estudiando a la par: periodismo general en TEA y un postgrado sobre medios de comunicación y opinión pública en FLACSO y un hueco traslúcido de ausencia en mi vida afectiva personal – pero confieso, nunca me sentí tan libre y dueña de mi vida como en aquellos años…
Para entonces ya me había mudado a San Telmo. Había alquilado mi primer refugio. Justo detrás de los docks de Puerto Madero, sobre la Av. Paseo Colón. Tuve que recurrir a mi madre (como tantas otras veces) para poder comunicar mi mudanza en solitario a mi padre: “pero te falta algo, hija, en nuestra casa? qué te hemos hecho para que te vayas?”. Escuela de monjas y padres gallegos, vaya molotov.
La decoración de aquel “bulo” fue para mi la genuina expresión de mi ser. Fue toda una fiesta. Cada mueble, cada cuadro, cada planta, el escritorio, el sillón, el quilt de mi cama, las luces, la pintura de las paredes. Toda una realización personal si la persecución de la opinión, la oposición o directamente la censura ajena. Era todo en un 100% mi vida y en ella me acompañaban Meiga e Indi, mis dos gatitas. Pancho, mi perro había quedado en casa de mis padres y a buen recaudo.
Hubo algún rif y rafe con un amigo de un amigo que vivía en el tercero. Sí, algún, o sea, sólo uno. Un tipo muy inteligente, capaz, creativo, arquitecto y ahora devenido a pintor. Lo curioso…es que fue rif y raf, ni siquiera amistad. He sido mucho más amiga de su amigo, con el que era es y será imposible pensar en rif y rafes. Fue viviendo allí que terminé la carrera de periodismo, cursé el postgrado y fui fichada para trabajar en una revista científica internacional. Entonces no sólo trabajaba de sol a sol en la universidad, sino que también trabajaba de sol a sol en casa escribiendo y editando nuestras notas para la revista.
Internet estaba en su apogeo y los chats también. Y yo estaba mucho tiempo en casa -casi todo – estudiando y/o trabajando. En un chat que ahora mismo no podría recordar cuál, me crucé con un chico, diseñador gráfico él – que vivía en la Patagonia. Y terminamos saliendo. Yo yendo y el viniendo haciendo 2000km para un lado o para el otro. Me gustaba, lo quise (?) y dos años después se terminó tirándole los bolsos fuera de la puerta pero antes de cerrársela en la nariz descorché un Moet y la bajamos en dos copas, cada uno. Lo vi irse calle abajo con sus petates y lloviendo, eran las 12 de la noche. Supuestamente teníamos un proyecto en común: irnos a España. O yo no quería todavía, o no quería irme con él. Todavía no lo tengo claro. Hace poco Facebook nos cruzó y sigo teniendo la misma sensación. Hoy también estoy en España, pero con otro.
De la misma virtual manera conocí y me enamoré perdidamente de quién es hoy mi pareja desde hace 6 años. El es carpintero. También se les llama ebanistas y en su caso podría también llamársele artista. Previo paso por Girona, por cuestiones laborales del carpintero y dónde diligentemente aprendí el catalán, regresamos a Madrid donde trabajamos los dos. El en lo suyo y yo, tal vez, en lo mío. Vuelvo a trabajar en una metalúrgica multinacional de elevadores con apellido alemán y casta aristocrática aunque la baronesa no tenga nada que ver, ella se dedica al arte, aunque no es artista.
Ya son 6 años los que llevo en la abuela patria. Junto al carpintero. Junto a mis 7 gatitos y mis dos galgos españoles. Ahora no viene al caso el nombre de todos ellos. Vivimos juntos en la sierra de Madrid, más expuestos a las inclemencias del tiempo y también más expuestos a los beneficios de una naturaleza no contaminada. No puedo hacer balances de esta etapa porque no ha terminado. La vida es fantástica, de a ratos. La vida es tan fácil y tan difícil como en cualquier otro lado.
Estoy tratando de decidirme por alguna otra carrera o curso. Aunque con excel no he podido. No con la constancia debida, pero pude tomarle el trote. Tal vez ahora, le toque a las matemáticas, por eso de darle a lo que más duele. También -y dentro de mis propósitos para este 2009 – retomaré algunas de mis aficiones abandonadas por la vida en común (en común con otra persona) y que de tanto en tanto dejaré como huella en estas páginas.
Este sitio tiene que ver con la vida de una mujer superviviente de los 30 en los 90. Una mujer soltera y que ha optado por la vida singular y vivir de su trabajo. Una mujer que aún así se ha enamorado y lucha por mantener el mismo espacio pero dentro de un territorio común de a dos. De alguien que se enamoró profundamente de la propia fantasía del otro y de la nueva vida y que se ha dado cuenta que la vida y el amor se hacen a cada momento y que no vienen dados. Que nada es definitivo, siempre es un trabajo. Que si se hace bien puede dar sus frutos.
Es la historia de un viaje en exilio continuo. La de mis padres primero, de la miserable España a la abundante Argentina. La mía después tras el reflejo del amor eterno sobre la pared de la oscura caverna. Un ir y venir buscando algún pretexto, casi como una huída.
Puede que intente cambiar de casa. Mudar, seguir mudando la piel y seguir viviendo, que no es poco.
Note: a translation of this text will appear in this page in a few days, I hope. Anyway, a translator is available in the Home Page.





